viernes, agosto 05, 2005

CAPÍTULOS 4 Y 5 // ГЛАВЫ 4 и 5

PRIMERAS IMPRESIONES // ПЕРВЫЕ ВПЕЧАТЛЕНИЯ
PRIMEROS TRÁMITES // ПЕРВЫЙ ХОД ДЕЛА

1 comentarios:

Oscar Sin Nick dijo...

PRIMERAS IMPRESIONES




Afrontamos dos días en los que es festivo.
El lunes porque es Puente, y el martes porque es el día de la mujer. Aquí por cierto carece de tintes progres, y no es algo que se les haya ocurrido hace dos días.
Lo celebran desde siempre (desde el comunismo me imagino, porque de los zares ni se acuerdan), aunque eso sí, con su tinte machista. Ese día los hombres llevan flores y cocinan. El resto del año se suelen tocar los cojones (en casa) y beber vodka (en el trabajo no, que no te dejan ni tener un vaso en la mesa para evitar tentaciones).

Lo más destacable de estos dos primeros amaneceres es pisar la calle, en silencio, con una suave nevada de delicados copos que contribuyen a aumentar el medio metro que ya se ha acumulado.
No se ven las aceras ni el asfalto. De repente, ahí están, los bielorrusos… de día. Con esos gorros de piel que hemos visto en las películas, y en la tele, pero no es lo mismo. Están aquí.
Imponentes abrigos, sólidas y resistentes botas, y esos gorrazos rusos.
Se ve a poca gente, van a su bola, pero bien pertrechados para el frío. Es su más importante inversión, el kit de ruso para afrontar el frio.

El resto de las cosas son demasiado caras, y se racionan la vida para irlas disfrutando de vez en cuando.

Las tiendas son cutres. Las hay de dos tipos, las del Estado, viejas, tristes y cutres, y las privadas, en locales prefabricados, con poca iluminación, y algo mas presentables… pero son cutres. Y luego esta CHANCE, la tienda más presentable de Smorgon.
Su dueño, que ha sido jefe de Natasha, es un tío arrollador de 36 años que ya lo ha conseguido todo en este país de mierda. Se nota que ha viajado.
Buena iluminación, limpieza, buena presentación de los productos, uniformidad en las empleadas, sí gracias, no gracias, por favor, faltaría más.
Por haber, hay hasta vino moldavo de Moldavia, y no de Bielorrusia, como en otras tiendas.
Y es que en las otras tiendas pasan de ti. Si compras bien y sino tan bien que se quedan ellos. No te dan los buenos días, casi nunca las gracias, y no les suele gustar explicar demasiadas cosas a los clientes. Si te conocen, pocas palabras, no tienen mucho que decir.

Paseando por Smorgon nos vamos encontrando a mucha otra gente curiosa.
Por ejemplo el inspector de hacienda que se mama en cada tienda. No debería, pero los dueños, saben qué es lo que tienen que hacer para quitarse de encima a este gañán.
Tómate un vodka pichón, y otro, y otro y otro… inspección correcta y a volar.

También nos encontramos con la ex – profesora de gimnasia. Una mujer que tras medio siglo de vida se conserva como una rosa a pesar de que ha tenido una existencia difícil.
Es una de las victimas de la era post-perestroika, que tuvo que ver como sus buenos oficios eran pisoteados por el nuevo orden que quería romper con todo lo anterior.
Gente como ella ha acabado haciendo grandes a otros países sin tanta tradición gimnástica, por ejemplo, España.

Se notan las horas que han pasado juntas. El rostro de Natasha adquiere una dulzura que pocas veces la he visto conmigo, se nota que quiere a esta mujer.
Tan buen rollo acaba en una invitación a pegarnos una sesión de sauna gratis, con té calentito para rebajar los calores (pregunten a los tayikos, o de Madrid para abajo), y una buena charla recordando los buenos tiempos.

Yo mientras, como me entero de pocas cosas, dejo volar la imaginación y recuerdo que hace dos días me estaba cagando en los muertos de la burrocracia bielorrusa.
Por un lado mi registracion ante la policía de pasaportes de Smorgon, por otro, el papeleo para el nuevo pasaporte de Natasha.















PRIMEROS TRÁMITES




Tras llevar a Nasti al colegio, Ludmila, Natasha y yo afrontamos una larga mañana que empezó a las nueve y que aunque acabo a las doce y media, fue muy intensa, sobre todo porque en un radio de 100 metros hicimos miles de cosas… mareados por la burrocracia.

Para mi registracion el objetivo inicial era llevar mi pasaporte, el volante del seguro y el recibo de mi visa a la policía.
No parecía una misión excesivamente difícil. Llegamos a la comisaría y el funcionario de turno no está, llegará en media hora.
En la puerta de al lado está el jefe, conocido de la familia, así que llamamos a su puerta.

Es un hombre joven que se sienta en una mesa cutre, con una tía de uniforme enfrente que escribe cositas en un papel.
No hay un solo ordenador, en este país se hace todo por escrito, y como mucho sobre papel de calco.
Como es habitual su cara es de autentica mala hostia, empiezo a pensar que igual hasta me mete en la cárcel. Todo muy marcial, muy serio… y empieza a sacar papeles y papeles.
Los dobla, los desdobla, luego los coloca debajo del pasaporte, más tarde encima… no venga… los dejo en medio. Estoy de acuerdo.
Tenemos que rellenarlos, pagar en un banco una cantidad por el trámite y sellarlo.

Lo primero, ir al banco.
Pequeñito, con cuatro mostradores pero con un vestíbulo de 5 o 6 metros cuadrados. Tres mostradores cerrados y quinientos mil bielorrusos apelotonados en la única ventanilla abierta.
Ludmila, que es una mujer bastante voluminosa, va danzando de un lado para otro y consigue colarse, o al menos eso me parece a mí.
Pero es que con esos ojos de bonachona que tiene, ¿quién la puede decir algo a esta mujer?
Natasha está avergonzada por el espectáculo. Mientras su madre paga, setecientos cincuenta mil bielorrusos se suben a sus hombros para escudriñar ¿qué paga?, ¿por qué paga?, ¿quién es Oscar San Emeterio?, ¿de que país es?, ¿está la vuelta correcta?
Como un corcho de champán, Ludmila sale del apelotonamiento absoluto que ahora se abalanza sobre un tiarrón enorme, que como es tan alto, apenas permite ver qué paga, por que paga, está bien la vuelta… etc…

Erróneamente pienso que en un pis-pas rellenaremos los papeles, pondremos el sellito y a volar.
Craso error efectivamente. Nosotros no vamos a rellenar los papeles, hay una elementa que se ocupa de ello… y además cobra.
La filosofía es que ella no se equivoca, va a escribir lo necesario en el impreso, y no nos lo echaran atrás, riesgo que se corre cuando lo hace uno por si mismo.
La señora, que esta más cerca de los 60 que de los 50, escribe lento pero seguro, mientras va preguntando algunas cosas a Natasha, que ha aprovechado para que le rellenen los papeles de su solicitud de pasaporte.

Cuando pasados 20 minutos acaba la rellenadora de papeles, entramos a la oficina del tío que debería haber estado a las nueve de la mañana.
Es un chico joven… con cara de mala hostia, en una mesa de mierda… Soba los papeles, los da la vuelta, los mira fijamente, con cara de desaprobación por cierto… y recibe una llamada.
Natasha me explica que es alguien que quiere registrarse y el tío, arrastrando las palabras, serio, con desgana, le va explicando el proceso. Tras cinco minutos de conversación… vuelta a empezar con mis papelitos.

Mira, apunta, lee, comprueba, abre hasta 7 veces mi pasaporte, comprueba 4 mi foto y 3 mi visado… y de repente saca un post – it.
Vaya debe ser que tiene que llamar a su churri y lo va a apuntar justo ahora para que no se le olvide.
Craso error. El post – it se encamina irremisiblemente hacia la pagina de mi pasaporte donde han puesto la visa… no puede ser… no me lo creo… esto es la bomba… Si, es cierto… ojo, que lo va a rematar… atención, ese selloooooo, PUM, ya estoy registrado.
Para eso quería el post – it.

Ahora mi pasaporte lleva un post-it. Inenarrables las sensaciones que me recorren, esto es un cachondeo.

Salimos de su oficinita y nos encaminamos a otra que está al lado, donde se hace la petición de pasaporte.

El proceso del pasaporte tiene una parte lógica y simple, que es hacerte unas fotos (que tardan una hora, bendita tecnología) rellenar unos impresos, y pagar una tasa.
Pero luego esta el componente machista de esta sociedad. Aquí el matrimonio no es una opción personal, un compromiso entre dos personas… y toda esa parafernalia.
En Bielorrusia casarse es una condena.

Admito que en España también hay problemas para divorciarse y todo eso, pero de eso a que necesites el sello del juzgado en tu pasaporte para que reafirmen que estas divorciado… va un trecho.
Efectivamente. Aunque Natasha lleva cinco anos divorciada, ha rehecho su vida, y esta de nuevo casada, necesita un sellito de mierda en el pasaporte, en el que se diga que efectivamente esta divorciada.

En fin, ¿qué le vamos a hacer?
Esto nos encamina a otra mole grisácea, estilo soviético que te cagas, gris, gris, gris, con poca iluminación, que huele a piedra húmeda… vamos que da por saco entrar.
Nos adentramos por lúgubres pasillos en los que la gente espera paciente su turno para realizar sus trámites. Gente con cara de estar harta de esperar, con la mirada perdida, que apenas habla… menudo país.

Llegamos al típico despacho de mierda bielorruso con mobiliario cutre, lleno de tías (aquí ellas copan casi toda la burocracia).
Una tía de pelo rubio oxigenado y plumífero granate empieza a poner todos los problemas del mundo.
Ya estamos, lo de siempre. No, esto no es así, aquí no sabemos nada, pregunta en otro sitio… hasta que Ludmila la recuerda que tan solo venían a por el sello, que no quieren nada mas.
Ah, vaya, se le ha fastidiado el plan a la rubia oxigenada. Lo del sello solo llevará cinco minutos.
Desaparece con el pasaporte, nos hace salir del despacho y esperamos.

Del despacho salen de repente dos elementos con la cara roja, facciones surcadas por venas moradas, cara de cachondos y resignados a su suerte.
Entre los dos están sacando una de las horribles alfombras que adornan cualquier despacho de esta singular Administración.

Natasha me explica que son dos borrachos que están haciendo trabajos sociales.
Para ellos esto es un lujo. Algo que hacer, techo donde dormir, comida caliente… y así 15 días. Cuando acaban su periodo de redención, vuelta a delinquir para empezar de nuevo el proceso.

Por fin tenemos el sello, ahora la rubia esta super-simpática.

Es que aquí son la leche. Les encanta ponerte todo casi imposible, con cara agria, desgana… y cuando se acaba el trámite, oye, amigos para siempre will you always be my friend.

Volvemos ya con fotitos, sellitos, papelitos y recibito del banco, a la oficina de expedición de pasaportes.
Nos recibe una mujerona rusa rusa… que no me quita ojo.
El tono de la conversación es agradable, Natasha y Ludmila están muy contentas, y repiten continuamente JARASHO JARASHO… Parece que hay buenas noticias.
Me dicen que lo del pasaporte va a ir mas rápido de lo esperado.
Ves, lo de siempre, al final tanta burocracia para que al final las cosas sean más fáciles de lo que parecía. Días después, cuando recogemos el pasaporte, la tía nos devuelve 12.000 rublos.
No sé porque extraño proceso administrativo, resulta que lo del pasaporte no era para tanto, así que esos algo más de 5 €uros, vuelven a nuestros bolsillos.
Por cierto, Ludmila y Natasha me dicen que le he parecido guapísimo a la señora… a ver si ha sido eso lo del descuento.

Hablando en serio, la tía se ha enrollado y es de agradecer, era un trámite muy importante.

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